El carnaval del Toro en Ciudad Rodrigo uede ser considerado el más antiguo de España, como prueba un documento de tiempos de los Reyes Católicos en el que se recrimina a la ciudad el excesivo gasto en fiestas taurinas.

Durante los meses que preceden a esta fiesta, los mirobrigenses viven con entusiasmo los preparativos. El Bolsín Taurino celebra sus tientas, donde se ofrece la posibilidad a los maletillas, aprendices de toreros, de ganarse en concurso la lidia de un novillo en la plaza mirobrigense. La elección de Reina y Damas de Honor del Carnaval, la romería de San Blas y la preparación de disfraces y de carrozas son algunos de los pasos previos para unas fiestas vividas con intensidad.

Un coso taurino singular —todo él de madera y de traza cuadrangular— se construye en la Plaza Mayor, y el recorrido de los toros se cierra con agujas o alares, una cerca metálica o de madera.

Los encierros, en los que los corredores se encuentran puntualmente avisados por la campana gorda del Ayuntamiento, marcan regularmente los horarios de propios y extraños que no pueden, ni deben, olvidar al principal protagonista de la fiesta, el toro. Plato fuerte es el espectacular Encierro a Caballo del domingo de Carnaval, en el que desde las dehesas vecinas expertos caballistas y garrochistas conducen a los toros bravos hasta la ciudad. El martes, último día de encierros y capeas, se suelta de buena mañana el Toro del Aguardiente, tras repartir entre los asistentes aguardiente y perronillas.

Pregones, disfraces, desfiles, charangas y peñas ponen su parte en el programa; para que la ciudad se transforme durante estos días en fiesta taurina y bulliciosa, en medio de una extraordinaria animación callejera.