Sito en este solar a fines del s. XV, en ese primitivo edificio se llevaron a cabo diferentes obras en el XVI, del que se conserva, en su interior, un dintel con decoraciones platerescas.

El palacio Episcopal de Ciudad Rodrigo fue reparado durante el obispado de don Clemente Comenge (1738-1747) y se le añadió hacia 1770, ideado por Sagarbinaga, el gran lienzo meridional de sillería, donde hoy se ubican las oficinas del obispado en la parte baja y la residencia del obispo en la alta.

En 1790 se hizo la fachada principal, toda de sillería, organizada en tres pisos y cinco calles, destacando la central, donde se dispone la puerta adintelada de acceso y en la parte superior, el escudo del obispo promotor de la obra, fray Benito Uría y Valdés, entre pirámides con bolas que rematan el dintel del balcón, donde se indica el año de construcción. El oratorio privado del prelado atesora un pequeño retablo barroco con seis excelentes pinturas sobre tabla, entre las que sobresale un Cristo atado a la columna, obra de Luis de Morales.

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